La Ley de Hidrocarburos en Venezuela no es simplemente un conjunto de normas técnicas para regular la explotación del petróleo y el gas. Es, en esencia, un punto de encuentro entre las distintas visiones de país.
La presidenta encargada de la República Bolivariana de Venezuela, Delcy Rodríguez, firmó en la calle frente al pueblo venezolano la Reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos. Tras plasmar su rúbrica, Rodríguez manifestó que la aprobación por unanimidad parlamentaria de esta reforma “es el primer paso para mostrar que una Venezuela unidad es posible”.
Venezuela posee una de las mayores reservas de crudo del planeta, y por décadas el petróleo ha sido el motor de su economía. La modernización de esta ley puede ser el primer paso para garantizar que los beneficios lleguen de manera equitativa a todos los ciudadanos, fortaleciendo la idea de que una Venezuela más justa y unida es posible .
La participación de diversos sectores en el debate sobre la Ley de Hidrocarburos —empresarios, trabajadores, comunidades y actores políticos— puede abrir un espacio de diálogo que el país necesita con urgencia. La transparencia en la gestión de los recursos, la claridad en las reglas de inversión y la distribución justa de los ingresos son elementos que, más allá de lo económico, tienen un profundo impacto social y simbólico.
Si se logra un consenso amplio, esta ley podría convertirse en un ejemplo de cómo los venezolanos pueden superar sus diferencias y trabajar juntos por un objetivo común. La recuperación económica, el fortalecimiento de los servicios públicos y la confianza en las instituciones serían señales claras de que la unidad nacional no es un sueño lejano, sino una meta alcanzable.
